PREGÓN DE LAS FIESTAS DE 1992

 

Pregonero: Jesús Ángel García Abril

 

Queridos amigos de Mazariegos:

Como veo que estáis disfrutando, un año más, con las actuaciones de los distintos grupos de danzas aquí presentes, voy a procurar ser lo más breve posible, que ya se sabe que lo bueno, si breve, mejor para todos.

 Pero antes de nada quiero agradecer públicamente a los organizadores de estas fiestas el honor que me brindan de pregonar en este querido pueblo nuestro, y así abrir las fiestas patronales de este año.

 Muchas veces me he dirigido a vosotros desde las páginas de la revista local LA TRÉBEDE, pero nunca había tenido la ocasión de hacerlo de viva voz. Por ello, ésta es una ocasión muy especial para mí.

 Resulta muy emocionante dirigirse a la gente del pueblo que me vio nacer, y hacerlo desde esta plaza, testigo mudo de tantas y tantas horas aquí pasadas, esperando la llegada de Don Isidro para ir a la escuela o de Don Vicente para ir a misa, y cómo no, de los partidos de fútbol o de "pelotazos" en sus soportales. Y a mi mente acude el recuerdo de los amigos que la necesaria pero traicionera carretera nacional se llevó para siempre, de la laguna y el patinaje sobre hielo, del derribo (como si del Muro de Berlín se tratara) del tabique de separación de las escuelas de niños y niñas para dar paso a una sala de baile y, más tarde, a un Centro Socio-Cultural, de cuando sacamos a la luz el primer número de la Revista La Trébede, y de cuando fundamos la Asociación Cultural, de las excursiones, de los inciertos primeros pasos de este Grupo de Danzas, del que hoy nos sentimos orgullosos, y de mil cosas más.

 Pero estad tranquilos, porque no es mi intención largaros un discurso para explicaros cuán unido me siento a este pueblo y qué feliz estoy de estar con y entre vosotros un año más.

 Y eso que este año no es un año cualquiera. Éste es, ni más ni menos, que el famoso, esperado, mágico y emblemático 1992, plagado de acontecimientos y de celebraciones.

 Hace tan sólo cinco días que se acabaron las Olimpiadas, muy bonitas ellas, muy bien organizadas y con muchas medallas para nuestros representantes. Y en Sevilla todavía continúa la renombrada Expo, esa que tiene lo mejor del mundo y a la que tienes que ir ahora o ya no podrás ir nunca. Esos dos acontecimientos, sin duda preciosos (y digo lo de preciosos, entre otras cosas, por la gran cantidad de dinero que nos han costado), se han llevado todo el dinero que teníamos y parte del que no teníamos. Y aquí, en Mazariegos, donde ni hablamos catalán ni tenemos acento andaluz, el puñetero 92 sólo nos ha traído una mala cosecha que sumar a las de los dos últimos años.

 Claro que, sin ser tan pesimistas, este año también ha traído el anhelado momento de poder disfrutar de la pista polideportiva, gracias al cierre de la valla, por más que algún concejal tratara de convencerme hace poco de que correr detrás de la pelota hasta la carretera general no era problema de vallas sino de años y de kilos. Y también ha sido el año de la rumba en la televisión, y si no que se lo pregunten a los atletas de Barcelona o a Jesús Morate.

 Y como éste ha sido año de olimpiadas, se me ocurría a mí que también podíamos poner medallas de oro, plata y bronce a los personajes que a lo largo de la historia más se han destacado por su labor en favor de Mazariegos. Y así, repasando los números publicados de nuestra revista local, he seleccionado algunos aspirantes a medalla. Así, un candidato podría ser el rey Alfonso VII de Castilla (¿quién mejor que un rey para la medalla de oro?), que convirtió a este poblado, allá por 1.128, en "Concejo", dando origen así a este pueblo nuestro; o tal vez podríamos elegir al Obispo Don Francisco de Mendoza (tampoco le sentaría mal la medalla a un obispo), que en el año 1.534 hizo famoso a este pueblo por convocar aquí un Sínodo Diocesano; o a don Juan Martín de Castro o a Don Pedro Monedero Martín, que dedicaron gran parte de su vasta fortuna a obras pías en esta villa; o a aquel herrero, que, de tanto trabajar, dio fama con su olvido a este lugar; o a los fundadores de las diferentes cofradías que rinden culto a nuestros santos patronos; o a ese alcalde, Don Bonifacio Primo, que tuvo el valor de decirle al mismísimo rey Alfonso XIII, cuando vino a inaugurar el "tren burra", que la cosecha había sido mala y que el precio del trigo era de miseria, y que la agricultura no podía seguir así; o, a lo mejor, debemos generalizar más y dar una buena medalla a todo el pueblo de Mazariegos que, de forma solidaria y unido como una piña, un día puso los medios materiales y humanos necesarios para levantar, en medio de esta "isla" (como llamó a Mazariegos don Sebastián de Miñano y Bedoya), esa iglesia de la que hoy todavía nos sentimos orgullosos; o a ese mismo pueblo que, en años mucho más recientes, volvió a hacer lo necesario para que esa iglesia no se viniera abajo, y así conservar el legado de nuestros antepasados; o, tal vez, deberíamos ser altruistas y conceder nuestro reconocimiento a ese grupo de personas que, alejadas de su pueblo y de su familia, renuncian a las comodidades que aquí se les ofrecen y entregan su vida al servicio de los demás en alejadas misiones en otros continentes; o, tal vez, habría que ser más materialista y dar la medalla a ese que nos da el pan nuestro de cada día (y me estoy refiriendo al panadero).

 Bueno, bromas aparte, he de anunciar que en estos días también se celebran Juegos Olímpicos en Mazariegos. O acaso creéis que no tiene mérito sacar el tres de oros, en esas interminables partidas de brisca, sin sufrir el temido "burro"; o pensáis que no hay comparación entre la cara de un atleta después de los 20 kilómetros marcha y la del que acaba de perder al mus porque su compañero ha echado un órdago a la grande con cuatro ases y la cosa no ha salido bien; o no pone la misma cara de satisfacción el ganador de la prueba de ciclismo que Indurain en los Campos Elíseos; o pensáis que nuestro Mariano Haro, en sus buenos tiempos, sufría tanto desgaste corriendo una maratón como el desgaste que va a tener más de uno en cuatro días de fiesta a tope.

 Pero es que, además, en este pueblo no nos privamos de nada. Para qué queremos la Expo de Sevilla si aquí tenemos unas fantásticas danzas y unos maravillosos danzantes, unos platos exquisitos que para sí quisiera el mejor restaurante de España, y un partido de futbito entre solteras y casadas que levanta más expectación que un Real Madrid - Barcelona.

Volviendo al momento presente, soy consciente de que tal vez el horno no esté para bollos, ni el bolsillo para muchas alegrías, pero habrá que hacer de tripas corazón y pensar que ¡qué se le va a hacer!, sólo tenemos estas fiestas una vez al año, y que la Virgen y San Roque se lo merecen todo. Así que os invito a que pongáis a punto la alegría, a que renovéis la ilusión y a que os dispongáis a disfrutar de unos días de fiesta a tope, que no sólo de trabajo y de cereales vive el hombre.

 Durante estos días, desconectad la televisión y la radio, no sea que vayan a dar noticias que no hablen de fiesta y de alegría; olvidad las pequeñas rencillas que haya entre vosotros; dejad a un lado esos pequeños o grandes problemas (que todos los tenemos); aceptad de buen grado, como si de música celestial se tratara, los ruidos que la gente que tiene mucha marcha y pocos años pueda producir estas noches de fiesta, y disponeos todos juntos a pasarlo lo mejor posible.

 Y para concluir la labor que generosamente me habéis encomendado para este evento, me remitiré a las palabras que la tradición pone en boca de todo buen pregonero: "De orden de la Autoridad se hace saber por este pregón que quedan abiertas las Fiestas Patronales de Mazariegos, lo que se proclama para general conocimiento y regocijo de propios y extraños".

 Que sea para bien y que tengamos todos la fiesta en paz y con alegría. Y que, al acabar estas fiestas, todos seamos, como decía el lema olímpico, "AMIGOS PARA SIEMPRE".

 Muchas gracias.