PREGÓN DE LAS FIESTAS DE 1997

 

Pregonero: Juan Luis Pariente de Cea

 

Sr. Alcalde, Concejales, Señoras, Señores, amigos todos.

Es para mí un honor y una gran satisfacción, encontrarme en esta rampa festiva en tarde especial para todos.

Los momentos milenarios, originales de nuestro pueblo, fueron ya cantados, maravillosamente por cierto, por otros pregoneros, año tras año.

El hombre de todas las épocas, día a día, sin olvidar su pasado, genera su propia rueda histórica que gira y gira dejando sus huellas en el camino de la vida.

Yo, quiero dar un gran salto en el tiempo, vida y vigencia a la historia próxima, contemporánea, desarrollada por vosotros mismos, historia que se extiende de boca en boca y que no consta en los anales de las bibliotecas, relatos que quedan latentes entre nosotros, que nos permiten estar orgullosos de nuestra idiosincrasia, como recuerdos de que sois protagonistas históricos para generaciones futuras.

Y he me aquí, ante la oportunidad que me brindan nuestras fiestas patronales de Nuestra Señora y San Roque, lanzando a los cuatro vientos un extensivo recorrido histórico - costumbrista, buceando en el túnel del tiempo su profundo significado, desde principios de siglo hasta nuestros días.

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Un 31 de diciembre, Nochevieja, largamente esperada, fría pero alegre, un gran montón de leña recogida en el atardecer, espera en la Plaza Mayor la madrugada; noche de cánticos afinados y a veces sordos, voces potentes, varoniles, que en el transcurrir del tiempo, se hacen roncas, cascadas, noche de noches, de "quintos" y sólo de ellos, la dulzaina y el tambor de los cariñosamente recordados "Calcones" ponen una indispensable nota instrumental, solamente las estrellas y algún perro ladrador despertado de su cómodo y caluroso pajero, son testigos de excepción en esta noche.

El frío bajo cero, intenta apagar ánimos mozos, no lo consigue, la juventud y "gasolina" en botellas de todas clases y colores, que corren de mano en mano, es su inseparable compañera a estas horas, que ayuda eficazmente a recorrer una y otra vez las calles de nuestro pueblo sin el más mínimo desfallecimiento, sólo algún "motor" se ahoga ocasionalmente. La hoguera del amanecer y la gran chocolatada, dan luz, bríos y dulzura al cuerpo y espíritu, y revitaliza los últimos momentos de esta noche mágica, única, que las generaciones "quinteras" no olvidarán jamás.

17 de enero, San Antón, "la gallina pon" dice nuestro refranero, irónicamente en la presente fecha podemos decir, el gallo pon colgado dispuesto al sacrificio, es la 2ª fiesta de "quintos" que invitan a participar a toda la Comunidad, es la "Corrida de Gallos". Jinetes en nerviosos caballos, aseados y bellamente adornados se disponen a degollar a los mejor nutridos y variopintos gallos del corral.

Antes, se desarrolla la más bonita y picaresca fase de la fiesta que provoca la risa de la asistencia. Pequeñas coplas van desgranando hechos, casos y circunstancias acaecidos a través del año en el pueblo, y que un poeta ocasional se encarga de recogerlos con gracejo en poesía "chungona", que la pone en manos de los quintos, que recitan en orden para divertimento del pueblo; los temas solían salir de la buena o mala cosecha, de los largos noviazgos que rompían sus relaciones, casamientos de segundas nupcias, del solterón sempiterno, de la unión de la mula roja y el macho tordo en matrimonio de conveniencia, etc...

Al final, los gallos dejaban de cantar no muy de su agrado y pasaban a mejor vida en los estómagos siempre hambrientos de los jóvenes y futuros soldados del  ejército Español.

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El mundo infantil no tenía televisión, por supuesto, pero sí sus fiestas propias e inolvidables: correr la rosquilla por Pascua de Resurrección y la tortillada por San Marcos; pero por su singularidad me llegan al recuerdo otras dos.

La Primera Comunión vivida por los pequeños, ni mejor ni peor que ahora, simplemente distinta; junto al carácter eminentemente religioso del día, seguía una comida de hermandad de todos los niños celebrantes, era un ágape de amor preparado por expertas y culinarias manos de madres o abuelas, una prolongación a nivel humano del Sacramento del Amor, recibido por la mañana en misa emocionante y solemne. La originalidad de compartir mesa y mantel con compañeros con los que solamente se había jugado y reñido alguna vez, era única; la alegre, sincera e inequívoca amistad, se desarrollaba en ambiente distinto al usual, para el niño seguía, seguramente, siendo un juego, pero diferente, fantástico.

24 de junio, San Juan. Una semana antes se había segado, secado y amontonado suficiente hierba para la gran pira del anochecer en víspera; grandes y pequeños se regocijaban ante las espectaculares llamas que destacaban en la oscuridad de la noche, y que mataban o ahuyentaban a los siempre presentes y molestos inquilinos, los mosquitos.

A continuación y en nocturnidad, se ponían enramadas en los balcones de la casa del puro y primer amor infantil, algún caramelo o guinda sujetos a las ramas, al día siguiente observábamos con tristeza habían desaparecido.

Esta noche se dormía poco, por San Juan el sol sale bailando nos decían; los niños, impacientes, saltaban de la cama cuando el dios de la luz y el calor estaba aún dormido, cada cuál se engalanaba con lo que de su imaginación surgía.

Toque de cencerros, esquilas, coberteras y cánticos alusivos al día, eran música fácil, reiterativa en las 24 horas, el sol se tenía que despertar imperiosamente, nuestros ojos expectantes en el horizonte, se abrían como ventanas, la imaginación y fantasía infantil reemplazaban a la realidad; el que está aquí presente os puede asegurar que veía el sol bailando un armonioso pasodoble español.

Después del espectáculo solar, comenzaba la recolección de toda clase de víveres de casas de padres y abuelos, que con los diez o quince céntimos que ahorrábamos domingo a domingo, nos proporcionaban suculentas comilonas, prolongación de aquella de la 1ª Comunión.

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PLAZA MAYOR, centro neurálgico de dinamismo social, corazón de nuestro pueblo, biblioteca de bellas sensaciones, por ti pasan y se paran complacientes Nuestra Señora y San Roque, algo debes guardar celosamente en tu regazo, cuando cada año no faltan a la cita.

En medio de ti, la fuente, centenaria fuente. Alma viva de sentimentales historias, de romances a la antigua usanza. Por la noche, en el soportal del Ayuntamiento, los mozos, sentados los más cansados, otros de pie, y todos con los ojos fijos en ti; risas femeninas por doquier, mozas que con sus cántaros llenos de ilusión acarreaban el líquido y vital elemento, ¡¡con qué donaire lo llevan!!, es cántico de juventud, de esperanza, de vida.

Miran de reojo hacia el grupo de hombres en espera, saben que alguien las observa desde ese pórtico varonil. Los viajes se suceden interminablemente, las hay que parece arrojan el agua al pozo de su casa. ¿Estará? ¿No estará mi hombre? Alguna voz en alto se hace notar como reclamo, es el último viaje de agua, el mozo dubitativo no se aproxima, pero la constancia obtiene su premio, el sonido del último chorro de agua que llena el cántaro es característico, conocido, su hombre se decide, llega el contacto, primeras palabras entrecortadas, sentimientos amorosos contenidos, se van afianzando en el tiempo entre viaje y viaje, cántaro y cántaro, y tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe inexorablemente en boda, se rompe en mil añicos, cuando se unan, ellos se separarán, posiblemente alguien, pocos, intentarán unirlos, es inútil, el amor y el Sacramento del Matrimonio Cristiano hacen prevalecer aquello de: Hasta que la muerte os separe.

Era el feliz resultado de esa fuente celestinesca, atrayente, que es fiel testigo, a través del tiempo, de tiernas y sencillas historias de amor que yacen en el corazón de generaciones y generaciones.

Pronto, cálida y generosa fuente, reaparecerás lozana en la piel más sensible de tu pueblo con aires de actualidad, modernidad juvenil y estética belleza. Te saludamos y acogemos con el cariño que te mereces. Estoy seguro, no olvidarás tu viejo y entrañable estilo, y con la fluidez de tus aguas, seguirás siendo musa de amoríos, yacimiento de uniones matrimoniales y solaz de niños y mayores. Gracias por continuar señalizando tu feliz y luminoso sendero de rosas.

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14 de septiembre. FIESTA DEL BENDITO CRISTO DEL HUMILLADERO.

La devoción lleva, puntualmente cada verano, a personas sencillas a asear y embellecer la ermita, se trae el Bendito Cristo a la Iglesia para adorarle devotamente en novena llena de fe.

Día 13, víspera, junto a la ermita, la clásica hoguera, música y verbena popular, día oportuno de declaración de amores, hay forasteros, el verano agrícola ha finalizado, la alegría de la cosecha recogida y el descanso invitan a la fiesta.

El 14 se trae el Cristo a su casa natural; misa solemne y romería, es una oración de gracias por la feliz culminación del verano.

Merece la pena recordar y destacar que en esta fecha, en nuestra localidad, hubo varios años feria de ganado que coincidió con la llegada de la primera maquinaria moderna a la agricultura, por lógica consecuencia desaparece, tractores, maquinaria autopropulsada de todo tipo sustituyen a la tracción animal.

Pero la ermita, herencia espiritual de nuestros mayores, sigue ahí, triste, llorando, su silueta grita a todo un pueblo su restauración, su estructura pétrea, se resiste a morir, el Bendito Cristo nos implora recuperar su morada para el sagrado culto, es un reto y un deber de todos y cada uno de nosotros y no solamente de la Cofradía. Apelo a vuestra sensibilidad artística, creencia religiosa y amor a nuestro pueblo para emprender tal proyecto.

El reloj de los tiempos se para en los años sesenta, algo extraordinario sucede, algo que marca el futuro de la vida del pueblo: se deseca la Laguna de la Nava, sus aguas estancadas en siglos, se encauzan, su gran extensión de carrizales infranqueables, se abre a la esperanza de la fertilidad, se construye un gran sistema de canales de riego por el que discurre mansamente, amorosamente diría yo, el agua, sangre vital de nuestra agricultura que calma la sed de nuestros sufridos y agrietados campos.

Los más ancianos recuerdan aquella canción utópica que compuso un antepasado familiar y que decía: Una vez la Nava hecha vendrá nuestro porvenir y el pueblo de Mazariegos será un segundo Madrid, seguía más que no recuerdo. Gratamente sorprendido quedaría mi tío Rafael si despertara momentáneamente de su largo sueño y viera ampliamente cumplida su predicción. Una simple mirada a nuestro alrededor nos certifica la influencia benéfica que tal obra ha supuesto en todas las facetas de la vida del pueblo.

La mecanización del campo hace que emigren muchos vecinos a trabajar en la industria, la gran extensión de terreno ganado para el labrantío, atrae a agricultores de otros lugares de la geografía regional, acuden acá a la llamada de un trabajo seguro, pero con la lógica tristeza de dejar atrás sus raíces de origen y la desconfianza propia a 1o desconocido.

Inmediatamente canto con sano orgullo, que esa incertidumbre desaparece, pronto se dan cuenta de nuestro carácter hospitalario, cordial y que nuestras señas de identidad coinciden, y sin olvidar su patria chica, que es de bien nacidos, se integran socialmente con facilidad entre nosotros y se identifican con nuestras costumbres y forma de ser. La convivencia y solidaridad son evidentes, congratulémonos todos por ello.

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Agosto: FIESTAS PATRONALES DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN Y SAN ROQUE.

Días anteriores a la fiesta algo bulle entre nosotros, las expectativas festivas están como olla a presión, el pueblo se viste de traje de luces de ilusión, que brillan con gran esplendor, preparativos de todo tipo, avalan la llegada de fechas extraordinarias. Es la fiesta cumbre del calendario local.

Años ha, los labradores, en pleno verano agrícola, hacían sus cálculos laborales, aumentaban el ritmo de sus duros y fatigosos trabajos, pensaban en el día después, había que dejar la era con suficiente mies para completar la trilla del 17, esta actitud suponía un superesfuerzo que luego alguien pagaba en el acontecer de la fiesta, hoy (gracias a Dios), simplemente se hace un stop relajante, las circunstancias actuales son diametralmente opuestas, la preocupación se centra principalmente en el terreno festivo.

Llegan los días 15 y 16, las campanas repiquetean diferente a su cántico normal, están también de fiesta, invitan puntualmente a la ceremonia religiosa, la asistencia es masiva, la fe se vive con intensidad en acto litúrgico en nuestro Templo de Nuestra Señora de la Asunción.

Por la tarde, nuestra religiosidad se traslada a la calle en gran procesión y, aunque el orden brille por su ausencia, su anarquía no impide que nuestra Virgen y San Roque atraigan nuestro corazón. ¿Qué mazarieguense no ha mirado profundamente a sus ojos en oración, para darles gracias por algún bien recibido, o pedirles necesidades absolutas de nuestra vida?.

La danza, acto litúrgico que no folklórico, bajo la batuta de nuestros dulzaineros, pone la nota colorista, externa pero íntimamente religiosa, es una expresión de amor y devoción a nuestros patronos, que nuestros jóvenes y niños en admirable esfuerzo físico, ofrecen generosamente la fe en nombre de toda la Comunidad.

Como dato curioso os relato que un señor de Revilla (q.e.p.d.), conocido por el Tío Canete, pequeño, de ojos vivos y barba blanca, simpático, no faltaba ningún año al acto procesional, no sé de qué le venía su devoción, pero cuando oía un "Viva San Roque y el perro", rectificaba al momento, - no muchacho no, que el perro no es santo -.

La danza continúa su ritmo y, al final, en el atrio, los danzantes aunque extenuados por el esfuerzo y el calor, se resisten dejar a nuestros Santos, las danzas se multiplican, su amor y entrega superan su cansancio, y un ¡Viva a San Roque y Nuestra Señora! con voz agonizante y emocionada, despiden y cierran hasta otro año la fiesta religiosa, no sin antes cantar el himno a nuestros patronos dentro del Templo.

La fiesta profana gira alrededor de las verbenas populares, peñas, campeonatos diversos para mayores; juegos "cucañas" y algún montaje moderno, hacen la delicia de los niños. Destaco particularmente las danzas regionales, que nos recuerdan un rico y tradicional folklore castellano de gran plasticidad escénica y que despierta el amor por nuestra región.

Antes, el interés de los pequeños, lo atraían el heladero de ojo nublado pero sonriente, con chaqueta blanca camarera, que con su carrito y en coche de San Fernando, traía de Palencia la anhelada frescura de los ricos helados; junto a él, un barquillero que con su ruleta de la fortuna, nos hacía tentar la suerte sobre el n° de barquillos u oleas que podían tocarnos; los petardos asustadizos y algún puesto de "chucherías" completaban su fiesta.

Peñas, alegres peñas, nidos de diversión y de intimidad personal característicos; aquéllas esquilas, cencerros y coberteras de niñez, se han convertido en modernos y sofisticados aparatos musicales, discotequeros. Quiero hacer un paréntesis en mi pregón, en homenaje a la primera peña, que hace medio siglo fundó un grupo de amigos: La Peña Chamberí. Neo, Chano, Germán y algún otro que me quedo en el olvido, crearon un rincón de amistad, con limonada preparada para el visitante, donde el chorizo y el jamón, hacen al hombre varón con buen vino de la región. El Chamberí, madre de todas las peñas bien merece esta mención.

Peñas, queridas peñas, escuelas festivas de fraternidad, salid a la calle a exteriorizar en desfile bullanguero al son de nuestra dulzaina 1º que vivís dentro, seguid sembrando y derrochando alegría, simpatía, cordialidad, generosidad, compartid esos valores nuestros con quienes nos visiten, que regresen satisfechos de nuestro pueblo, que nuestras fiestas marquen un recuerdo especial e imborrable, haced de Mazariegos ejemplo de sociedad abierta a nobles sentimientos de solidaridad y hospitalidad por todas las latitudes.

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Mazariegos,

Mazariegos, Tierra de Campos,

Tierra a la que besa el sol,

hoy afloras en tu alma

sentimiento y emoción.

Proclamo que nunca olvides:

Tuviste por norte a Dios,

que toda clase de pestes

las cura nuestro Patrón.

Acércate con amor

abiertos tiene los brazos

nuestra Madre

la Virgen de la Asunción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mazariegos, agosto 1997