EL HERRERO DE MAZARIEGOS

José María Ruiz Ortega

            En la plaza Mayor de Mazariegos se ha erigido un monumento dedicado al herrero, ya saben, aquél que tanto machacar se le olvidó el oficio, y es que, según cuenta la leyenda, tradición o frase hecha, de un supuesto personaje, verdadero o ficticio, que además de herrero ejercía las funciones de alguacil en el Ayuntamiento. El alcalde le mandó llevar una carta oficio al correo o diligencia, y entretenido, machacando en la fragua, se olvidó del papel oficial. Así ha cobrado fuerza ese dicho tan popular que contiene una máxima o consejo y suele reforzar el diálogo, en este caso, señalando las diferencias y confrontando términos comparativos: “te va a ocurrir como al herrero de Mazariegos, que tanto machacar se le olvidó el oficio”. Para no olvidar las tradiciones, el Ayuntamiento ha levantado, en la rotonda de la restaurada plaza, centro de conjunción de la villa, una escultura de un herrero en actitud del trabajo de forja, con el martillo levantado sobre el yunque, entronizado en lo alto de un pedestal.

            La figura está realizada en hierro y chapa forjados; en la parte superior del cuerpo, destaca la silueta de unos brazos fuertes y muy desarrollados y se cubre la cabeza con una boina. Desde el cuello de la figura, arranca un mandil que resguarda los pantalones. Esta composición de la efigie del herrero, diferenciada en dos partes, la superior en forma de silueta y con tendencia figurativa, contrasta con la inferior, realista y detallista, en la composición de las botas y los cordones de las mismas.

            De esta forma, Inmaculada Amor ha logrado destacar una cercanía al personaje que, sin perder la fuerza musculosa de un hombre, con el torso desnudo, que trabaja forjando hierros a martillazos, representa, al mismo tiempo, una figura muy humana, con los pies bien apoyados en el suelo, dotada de un movimiento tan natural que inspira confianza y proximidad. Un herrero, que lo mismo puede aguzar un formón para el arado, como componer un eje para la peonza de un niño.

            Enhorabuena a Inmaculada Amor por ese diseño tan original que, desde hace unos días, preside la plaza de Mazariegos, una figura a la que hemos acogido como un ilustre vecino. Felicidades al Alcalde y a la corporación, por acercar el arte a los ciudadanos, y, de  esta forma, los habitantes de este pueblo también vamos a recordar con este monumento a los herreros rurales, en otro tiempo verdaderos artesanos, a los que se les reconoce, con esta escultura, la efectividad de una profesión que prestó grandes servicios en una sociedad eminentemente agrícola que necesitaba el apoyo de un mínimo de técnica e ingenio.