LA LAGUNA DE LA NAVA

            Las cinco villas de la Laguna de la Nava aprovechaban comunalmente sus pastos, y la jurisdicción se sorteaba cada año entre Becerril de Campos, Grijota, Villaumbrales, Villamartín y Mazariegos. Se producían ricos y abundantes pastos con los que se mantenían más de 20.000 cabezas de ganado ovino, vacuno, mular y caballar. Tenían fama en tiempos de los Condes de Castilla la cría de valientes potros que empleaban en la caballería de su ejército. También en la época de Felipe II está documentada la crianza de caballos en la Nava. Mazariegos al ejecutar la propiedad de la villa, al amparo del obispado, adquiere la parte proporcional de la Laguna de la Nava.

            Esta Laguna, resto de un mar miocénico que rompió produciendo las cuencas del Pisuerga y el Carrión, ocupa la zona de más declive de todo el entorno. La importancia ornitológica de la Nava es de una riqueza extraordinaria; aparte de las aves nidificantes, sirve de asilo, particularmente en invierno, a infinidad de especies acuáticas, ánades, patos, zarcetas, etc., hasta más de 200 especies de aves diferentes.

            Las enfermedades palúdicas por la proximidad de la Nava que afectan a gran parte de la población de las cinco villas, las inundaciones de las huertas palentinas en años de muchas lluvias y el beneficio de mayor tierra cultivable a las cinco villas, deciden la desecación de la misma. La Laguna de la Nava de Campos, fue propiedad del Arzobispo de Toledo y Obispo de Palencia hasta el reinado de Isabel la Católica, en cuya época y con objeto de que se sanease, se cedió en uso-fruto a las cinco villas antes citadas. Al consumirse las aguas con el estío, se aprovechan los pastos. Mazariegos, que se encuentra a muy poca altura respecto a la Laguna de la Nava, sufrió muchas inundaciones y, por tanto, grandes calamidades, como puede constatarse por algunos testimonios de aquellos años.

 

TESTIMONIO DE VICENTE CORRALES

            Vicente Corrales Castro, nacido en Santander en 1768, de oficio pescador, se traslada a Castilla, tras contraer matrimonio con Esperanza Núñez, natural de Mazariegos, el día 12 de abril de 1790. Trabaja como labrador y como temporero en las obras del Canal de Castilla, hasta que fueron paralizadas en 1804, como consecuencia de la Guerra de Independencia. Formó parte de la partida de "El Inglés" y murió en la batalla de Arapiles el 22 de junio de 1812. Pero su protagonismo en la historia de Mazariegos nos viene dado por una carta que escribe a sus padres, fechada el día 15 de mayo de 1792. Por su interés y estilo de redacción, la transcribimos íntegramente:

            Para que Dios Nuestro Señor les tome en su misericordia y les guarde, amén, y una salve a la Santísima Virgen del Mar. Queridos padres:

            A la de hoy que es San Isidro, les escribo esperando se hallen en gracia y salud. Nosotros bien gracias a Dios, la mujer y yo, que por razón estamos para marchar a la siega de la senara que tiene aquí en Mazariegos, la familia de la mujer, que aún siendo poca da su fruto. Por lo demás bien y hasta la vendimia, y el resto del año, del Pilar a San Isidro, en lo del Canal.

            Aquí es cavar en cuadrillas, como de a dos docenas, en línea y con capataz. A tanto la vara, que nos dan pan y vino en el día, y a la semana los cuartos, que son para la casa y los vestidos de los rapaces. Hacemos la saca de tierra con azadas y espiochas. Mejor trabajo que la ciaboga en lo de la pesca con el Román en la Maruca. En después la echamos a los capachos y en espuertas más grandes, y de ellas a carretillos que arrastran mulas y a veces mozos porque no haya mula. Y también a las barcas en que traen los patrones la piedra para la cantería y los diques, y algunas herramientas que mandan a componer porque se quiebran. Anduvimos por lo de Calahorra a unir los canales, que hubo festejo en agosto del pasado. Y a la siguiente cosecha no sé a dónde se andará. Aunque en hoy hay casa en Mazariegos que es donde la mujer nació y ha casi 200 vecinos.

            Por Pascua estuvimos allá, que es tierra de mucha agua por el Valdeginate y los arroyos de Becerril y el Retortillo, donde llevamos gran susto porque hay en sus alcances una laguna que llaman de la Nava o del mar de Campos. Y soplaba el norte con fuerza que giraba los portones y enllenaba el aire de olores malos y de más agua. Y al estar la villa un punto más bajo que el agua dio en llover y en subir el agua que pareciame marea viva. Subió el Toribio, que va conmigo de destajero a lo del Canal a veces, a la torre de la Asunción para darnos aviso si el agua se movía. Y en seguida toca a rebato por haber roto el agua los malecones y las defensas que apuntalamos en la boca de las calles, que son menucos. No quedó otra y dejamos el sitio en los carros y caballerías a Revilla, que se perdió todo y los enseres que habían en las casas, arruinándose algunas de éstas y dejándonos casi lo comido por lo servido.

            Después me contó la mujer que ya pasó ha cuatro años otra igual, y que lo mismo decía su abuelo de cuando el rey Felipe.

            Cuando hayan bajado las aguas se ha vuelto y se han recompuesto las casas, que es fabricando adobes con unas gradillas que llaman mecales y que son de la forma de ladrillos, pero de arcilla y paja picada que apisonan y secan al sol. Y en dos días estaban hechos. Por lo del lago ya nada más, que ha vuelto a su ser. Cuando se seca alimentan al ganado en la tierra que se le gana apenas despunta la hierba, y con el junco ceban algunas cocinas, que llaman glorias de Campos, y que se tragan hasta medio carro de paja al día, y que se riegan y cobijan bajo el suelo para caldear las casas. Y en verano, se abren y dan fresco que es una bendición.

            Ahora que ya está aquí la calor anda el agua estancada y como muerta en un sin corriente a no ser la poca que le dan los arroyos y las lluvias, que son fuertes por Resurrección. Y por la Virgen, al consumirse las aguas, se forma una aire que trae fiebres, haciendo gran mortandad.

            Faltan brazos para cultivar, escardar, que es desyerbar y a luego la trilla que es quebrantar la mies para separar el grano de la paja, sobre un tablón con pedernales. Y se aventa, echando al viento los granos en la era. Y al tiempo los vecinos le van ganando terrenos a la laguna en baldío que no se escrituran. Aunque ahora los señores del Canal quieren secar la laguna y dicen que habrán de salir a cultivo, como de 8 ó 9000 obradas que es la labor de hombre en día, o de yunta si la hay, y que dicen que se podrán plantar sementeras de granos o legumbres o darlas en prados. Y anda el pueblo revuelto. Yo, estuve por hacer casa en Monzón, en lo del Sr. Durango para acarrear la harina en toneles, que supe por un guipuzcuano con el que he hecho amistad, de los de hacer las duelas de los toneles, que se ha hecho a vivir aquí por lo de la harina. Dice que me ha de enseñar, pero los otros me hacen mala cara por no ser de allá ni del oficio. Que sabrán ellos. Por lo demás la mujer anda otra vez preñada y dará a luz para la Inmaculada. Ella dice que será varón. Falta hace y Dios lo quiera.

            Les tengo en mis oraciones y también ella. Dios y la Virgen del Carmen les guarden. Y a los hermanos la Virgen del Mar.

            A 15 de Mayo de 1792. Vuestro hijo.

                                    Vicente Corrales.

 

COMIENZA LA DESECACIÓN

            En aquellas épocas se demuestra, más que nunca, el dicho de que "las cosas de Palacio van despacio", pues la desecación de la laguna tuvo una tramitación burocrática y técnica, bastante accidentada. En 1752, D. Antonio y D. Fernando Ulloa, encargados de proyectar los canales de riego de la Tierra de Campos dieron principio a la formación de planos y queriendo darles amplitud y exactitud topográfica en una zona de poca pluviometría, fijando la base de 6660 toesas (*) en la laguna de la Nava, tomando su suelo como nivel en dirección este a oeste. Por tanto, de esa fecha tenemos el primer plano de la laguna firmado por D. Fernando Ulloa y dibujado por José Díaz Pedregal.

            Cuando se reanudaron las obras en 1833, se encontró un gran sillar cubierto de tierra con la inscripción Punto Este. Estos proyectos de regadío, realizados por triangulación, con detalles parcelarios minuciosos que se extendían a las provincias de Palencia, León, Valladolid, Ávila y Segovia, han desaparecido en su mayor parte por el abandono en que por mucho tiempo estuvo el archivo del Canal de Castilla.

            En 1799 las villas de Grijota y Mazariegos presentaron al Intendente señor Estrada los perjuicios y enfermedades que les ocasionaba la laguna en la época de encharcamiento de aguas. Instruyó un expediente para su saneamiento y las villas de Villaumbrales y Becerril se opusieron a este proyecto

            Así el ilustre don Gaspar Pérez de Cea, propietario y vecino de Mazariegos, en 1801, presentó al Exmo. Ministro de Estado sobre la necesidad y ventajas que ofrecía para las villas y el Estado la desecación. El Intendente Sr. Torreblanca expuso, en febrero de 1802, al Ministro que inclinase el ánimo del rey para el anticipo de los gastos que ocasionaría la desecación, reintegrándose el erario con el valor de los terrenos que se saneaban. En enero de 1804, consiguió un real decreto publicado el 8 de septiembre de 1804, mandando desaguarla a costa de la Hacienda Pública. Se mandó formar el plano de la laguna y el proyecto de desagüe, y el Ministerio de Estado dispuso, de acuerdo con las cinco villas comunitarias, ejecutar las obras. Hubo nuevas oposiciones por parte de la villa de Becerril y quedó paralizado hasta octubre de 1807, decretando el plazo de un mes para presentar las villas el título ó títulos de propiedad, uso ó uso-fruto que tuvieren sobre la laguna, para resolver el modo de llevar a cabo la desecación. En marzo de 1808, los apremios con que quiso dar cumplimiento al decreto el conde de Castañeda, juez conservador de los Canales de Castilla, no habían conseguido aclarar la pertenencia de la laguna. Sobreviene la Guerra de Independencia y todo queda en suspenso.

            Hasta el 19 de diciembre de 1828 no volvió a tratarse el proyecto de desagüe y se retoma a partir de los plazos solicitados a las villas para que presentasen los títulos de propiedad. No habiendo presentado ningún documento que acreditase la propiedad de la laguna, se cede en propiedad (por Real cédula de 17 de marzo de 1831) a perpetuidad, con la obligación de desaguarla y sanearla, a la empresa del Canal de Castilla y proporcionándole, al Sr. Aguado, presidiarios al efecto. La empresa realizó algunos ramales de desagüe, pero en el primer invierno se vio el fracaso de la obra realizada, por un mal proyecto y descuidada dirección de la misma. Se ejecutan las obras de forma incompleta y, también en parte por los daños que causaban las villas a las obras, la empresa del Canal pidió la rescisión del contrato, devolviendo de nuevo al Estado la laguna por Ley de 10 de junio de 1841.   

            Desde el momento en que se cedió esta obra a la empresa del Canal de Castilla, protestaron las cinco villas y comisionaron al abogado de Mazariegos, don Gaspar Pérez de Cea, para reclamar los derechos que tenían sobre la Laguna, alegando ser adquirida por compra que las citadas villas hicieron sobre sí mismas. El contencioso fue ganado por el Sr. Pérez de Cea, según consta en el decreto del Gobierno de 9 de febrero de 1843, devolviendo la Nava a las cinco villas. También tuvieron su buen hacer en esta defensa los diputados en las Cortes don Román Ovejero y don Antonio Hompanera de Cos. La laguna de la Nava medía, al devolverse a las villas, 4.016 obradas, 221 estadales (2.258,36 hectáreas). Según D. Gaspar Pérez de Cea, la laguna y sus desbordamientos en las tierras de las cinco villas, ocupaba 8.959 obradas, (4.778 hectáreas).

En febrero de 1872 está desecada en parte y se citan los beneficios que gozan estas villas por la mejora de sus cosechas, al no inundarse tanta superficie y por el leve alivio del sufrimiento que padecía población, de calenturas intermitentes. Sin embargo, el drenaje de la laguna es insuficiente: los desagües se van tapando, las autoridades locales no guardan ni hacen guardar el debido respeto por las obras, sólo los propietarios particulares de los terrenos colindantes se afanan por conservar los desagües para evitar la inundación de los cultivos.

(*) Toesa: antigua medida de longitud equivalente a 1 metro y  946 mm.-

 

LLEGA LA DESECACIÓN TOTAL 145 AÑOS DESPUÉS 

            Los intentos de desecación y el replanteo de su delimitación territorial casi ha llegado hasta nuestros días. En la década de 1920, más del 20 por 100 de la población estaba afectada por el paludismo y en Becerril de Campos, comisionado por la Sanidad pública, operaba un médico dedicado a la investigación y lucha de estas fiebres intermitentes. En el año 1926 se encargó el trabajo al Ministerio de Obras Públicas, pero hasta el año 1934 no comenzaron las obras, se inicia el dragado del Emisario de la Nava hacia el río Carrión, desembocando en las cercanías del camino de San Román, en el término municipal de Palencia. En 1936, la guerra civil supone otro parón en las obras y llegamos a mediados del pasado siglo, cuando en 1949 se reactivan de nuevo las obras con empresas de construcciones militares.

            Con un régimen de dictadura, las cinco villas pierden todo protagonismo y los alcaldes no se atreven a reclamar más que tímidas mejoras a cambio de la Nava. El Plan de Desarrollo de Tierra de Campos, mediante el Instituto Nacional de Colonización (INC) y la Confederación Hidrográfica del Duero acaban desecando la Nava y fundando un pueblo nuevo bajo su tutela, Cascón de la Nava, con colonos traídos de los pueblos inundados por embalses. Desde las cinco villas de la Laguna, se pide una mejora de infraestructuras y asentar la población emigrante en las mismas, creando mayores y mejores núcleos de población. Pero el INC prefiere tener "controlados" en un gueto a los nuevos colonos de la desecada laguna. A mayores, estas cinco villas, pierden parte de su término municipal con expropiaciones de tierras a cambio de unos pingües y mal proyectados regadíos y unas desastrosas y costosas obras de transformación, que hoy no se hubieran ejecutado.

            Una de las oposiciones más claras y contundentes a la desecación de la Laguna de la Nava -teniendo en cuenta el poder del Gobierno en aquellos años, la ausencia de discrepancias públicas y la censura de los medios de comunicación- fue sin duda la que ejerció D. Felix Rodríguez de la Fuente, a pesar de que entonces no tenía la fuerza de la televisión. He tenido conocimiento de varias cartas y escritos en contra del saneamiento, roturación y puesta en cultivo de tierras, que sistemáticamente enviaba al Instituto Nacional de Colonización y a sus responsables. A falta de argumentos, D. Eriberto Herrera, director de las obras desde Valladolid, apeló a los archivos de las cinco villas donde se constataban los datos de la población afectada por el paludismo y defendía la futura prosperidad de la población rural con el regadío.

            Con las perspectivas productivas al inicio del siglo XXI, ha comenzado un movimiento ecologista para devolver a la Nava, aunque sea de forma mínima, las cualidades ornitológicas y medioambientales que tuvo en otros tiempos.